Ramirez
Los certificados médicos avalan las denuncias de los pobladores de Ramírez. Las intoxicaciones y las afecciones a la salud, entre ellos vómitos y fuertes dolores de cabeza, son producidas por los agroquímicos.
Osvaldo Müller es una de las tantas víctimas del glifosato. Durante años, su trabajo fue manipular este poderoso herbicida, capaz de destruir toda clase de plantas menos a la soja, lo que le provocó serios daños en la salud. Alejado, por recomendación médica, de la actividad en el campo, el hombre convive con el agroquímico a pasos de su casa, en plena ciudad de Ramírez. En la zona urbana existe desde hace unos años una planta recicladora de bidones de agroquímicos y, según las denuncias de los vecinos y entidades ambientalistas, el agua que se utiliza para lavar los envases con restos de químicos es volcada en plena calle pública.
“Me intoxiqué con glifosato cuando trabajaba en el campo y desde entonces no puedo ni oler este químico, porque me provoca fuertes dolores de cabeza y reacción en la piel. Pese a que ya no trabajo más en el campo, debo convivir con este veneno en plena ciudad y a pasos de mi casa”, comentó Müller. A una cuadra de la vivienda del entrevistado funciona la planta recicladora de plásticos Pregram, cuya materia prima son los bidones de pesticidas. Antes de la molienda del plástico, los envases son lavados y esos líquidos son arrojados a una canaleta, sin tratamiento alguno, en una calle pública.
Müller, como tantos otros vecinos de la planta, padecen a diario –sobre todo cuando la fábrica está en pleno proceso productivo— irritación en los ojos, dolor de garganta y problemas respiratorios por el olor pestilente que se siente. “Tengo toda mi historia clínica, en la que consta que mi problema de salud se originó por el uso de glifosato y la voy a presentar como prueba en la denuncia penal que se hizo contra esta planta”, indicó el hombre. “Era fumigador, por lo que estaba en permanente contacto con estos químicos pero, desde que me intoxiqué, no puedo ver mejorías en mi salud, puesto que a una cuadra de mi casa está ese veneno”, dijo. Sentir el olor del producto le produce a Müller fuertes dolores de cabeza, mareos y vómitos. “Esto no sólo me pasa a mi, sino también a mi familia.
En mi caso, como estuve en contacto directo con el veneno tengo que realizarme controles periódicos y aplicarme inyecciones intravenosas, que logran calmar los síntomas, pero el veneno ya lo tengo en mi cuerpo”. Reclamos En febrero de este año, los vecinos relataron sobre los reclamos que se hicieron tanto a nivel municipal como provincial, pero nada han logrado. “Estamos esperando que la Justicia –se radicó una denuncia penal en la ciudad de Diamante—nos cite a declarar, como damnificados de la planta”, dijo. Lo que piden los vecinos y el Foro Ecologista de Ramírez es que la planta sea trasladada a otra zona, fuera del ejido urbano y que se le prohíba arrojar los líquidos con restos de pesticidas en la vía pública. “Es imposible vivir acá, no sólo por los fuertes olores que emanan los líquidos que se arrojan a la calle sino por las reacciones alérgicas que nos está causando”, relató un vecino de Müller a El Diario.
Las afecciones más comunes son irritación y enrojecimiento en los ojos y en la piel y picazón en la garganta. “No sabemos a quién reclamar. Nos estamos enfermando todos y nadie hace nada”, dijo sin ocultar su enojo uno de los vecinos de calle Jujuy. “Las denuncias se siguen acumulando, pero la verdad que no se hace nada. Ahora estamos esperando que sea la Justicia la que pueda darnos alguna solución, porque en los ámbitos gubernamentales no pasa nada”, dijo Sergio Erbel, otro de los vecinos damnificados. El hombre confesó que, como la planta trabaja a puertas cerradas, “nunca ví cómo reciclan los bidones, pero se siente el olor de los químicos en todo el barrio. Mi casa está pegada a la planta, por lo que soy el primer damnificado”.
El Diario

