miércoles, 1 de octubre de 2008

Brutal y conmocionante asalto a una pareja que fue secuestrada durante varias horas

En diálogo con LT38 Radio Gualeguay, Gerardo ‘Chiche’ Campodónico contó la odisea que le tocó vivir y se mostró conmovido aún por los acontecimientos. Todo arrancó el miércoles, poco después de las 11 de la noche, cuando se disponía a cerrar el local comercial que tiene en calle Halkett, a pasos de la Unidad Penal Nro 7 de Gualeguay.

«Me tocó vivir un mal momento. Alrededor de las 11, cuando me voy del taller, trabajando a puertas cerradas por seguridad, voy a subir a mi vehículo y siento algo frío en la cabeza –recuerda atribulado el mecánico- y era un revólver de cada lado y otro tipo que me pinchaba la espalda con un cuchillo. Me meten adentro del taller nuevamente, piden dinero y les doy lo que tenía en el bolsillo».El pobre hombre contó que «justo tenía plata porque tengo albañiles trabajando en mi casa. Tenía 1.200, se los muestro y me dicen que es poco. ‘Vamos hasta tu casa porque tu mujer ya volvió de gimnasia’, avisaron.

Evidentemente tenían bien estudiados los movimientos de mi casa y del taller. Ahí nomás me metieron en la camioneta, me encapucharon y ataron y me pinchaban la espalda con el cuchillo. Cuando llegamos a casa dieron tres vueltas de manzana. Parece que uno conocía las calles y le indicaba a los demás. Igual dieron unas vueltas de manzana.

No se animaban a entrar a mi garage porque veían vecinos. Cuando vieron sin movimiento la cuadra, se bajaron, abrieron el zaguán, redujeron a mi mujer y fueron para el garage. Después de meter la camioneta, automáticamente nos separaron, y nos llevaron uno a la cocina y otro a la habitación.

Previamente nos ataron con precinto y después con alambre de fardo y tenazas, tanto que ahora tengo problemas en las manos por estar tantas horas así».A partir de aquí arrancó una verdadera odisea que se hizo eterna para Campodónico y la mujer. «Me golpeaban pidiéndome más dinero, preguntaban dónde había armas. Estaban muy preocupados en eso, querían armas o plata.

Pasaron un par de horas, revolvieron toda la casa y uno hasta se puso a mirar televisión. Hubo dos que se fueron y volvieron como a la media hora, quizás después de hablar con un cómplice, hablar por teléfono o tomar un café….no sé. A lo mejor fueron a hablar con los que me vendieron o dieron alguna información. Luego nos pusieron en habitaciones separadas y nos taparon con cobijas. ‘Nos quedamos hasta las 6 de la mañana que nos pasen a buscar’, dijeron.

Obvio que fue una estrategia para que no quedáramos quietos, por que a la media hora, empezamos a cortar los alambres de a poco. Me arrastré hasta mi mujer y con los dientes le liberé las manos, me desató, salimos por la ventana y le avisamos a los vecinos. Eran las 3,30 de la mañana».De acuerdo a lo que se supo después, una persona de la vecindad habría visto movimientos sospechosos de individuos subiendo a una Traffic.

Incluso le dio algunas características a la policía y con mi mujer hicimos otro bosquejo de las caras. Había dos tipos mayores, uno de 45 y otro de alrededor de 50, muy pesados, con decir que querían romperme los dedos de las manos a culatazos para que hablara o me querían electrocutar para que dijera donde estaba la guita. Y más plata no había porque yo invertí en máquinas para el taller y vivo al día. Por supuesto que si hubiese tenido se los daba porque la vida es mucho más importante.

Fue un susto grande y tenemos suerte de estar vivos».Gerardo también tuvo tiempo para reflexionar sobre lo que pasa. «Lo vemos por la televisión y pensamos que nunca nos va a pasar. Agradezco a Dios que estamos con vida y podemos seguir trabajando. Hace muchos años que trabajo siempre hasta tarde porque es la forma de poder progresar y por eso me encierro, pero nunca imaginé que un día iba a salir y encontraría semejante sorpresa.

Sin dudas que hay alguien ‘local’ allegado a mi taller, que vendió toda la información. Evidentemente hay alguien que delató. De hecho uno de los delincuentes me dijo «no podés tener 1.200 y mirá lo que tenés». Lo que pasa es que uno va invirtiendo pesito por pesito pero los chorros no lo entienden, ellos quieren plata».Los ladrones actuaron a cara descubierta y armados. «Uno tenía un revólver a tambor, otro una pistola y el último tenía un cuchillo. Una de las personas era local porque conocía la ciudad.

Estaba al tanto de las manos de las calles, llegaron a mi casa y nunca les dije dónde era. Se ve que la habían estado vigilando. Ahora me parece que voy a trabajar menos. Pero el día que te toca no lo podés creer y querés vivir encerrado».Para las víctimas, los individuos eran muy profesionales. «Usaron guantes y cada vez que los miraba me daban una patada en las costillas. ‘Mirá este pelotudo como se zarpa’ se decían entre ellos. Pero tampoco me quería dejar matar por nada. ¿La policía?. Llegaron rápido tres patrulleros, aporté los datos para los identikits pero lo que pasa es que esta gente, hasta que nos pudimos desatar, tuvo tiempo para huir».Aparte del dinero, los cacos se llevaron algunas joyas de oro, relojes, celulares, dvd.

«Son cosas que no tienen importancia porque lo más importante es la salud. Mi mujer todavía está un poco nerviosa, porque yo estoy acostumbrado a pasar malos momentos. Pero ahora ni se anima a salir a la calle».

J.B.

La cantidad de hechos graves, asaltos a mano armada sobre todo, sin esclarecer, se sigue engrosando. Y justo el pasado 26 de septiembre se cumplieron dos años años del homicidio de Angel Moresco, ocurrido en una chacra, a la vera de la Ruta 11, a la entrada de Gualeguay. El anciano fue ultimado cuando le clavaron un cuchillo en la garganta. Y nunca hubo detenidos por el hecho.También los asaltos, entre otros, a la Ferretería Bourlot, la consignataria El Rodeo, el Registro de la Propiedad Automotor o a la Cochería Bernigaud siguen en las tinieblas de la impunidad. Preocupante.

Gualeguay al dia

 
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