lunes, 20 de octubre de 2008

Más de 30.000 aves aparecieron muertas en un campo, al norte de la ciudad de Gualeguaychú

Habrían sido exterminadas con cebos envenenadas según determinaron funcionarios de la Secretaría de Medio Ambiente provincial, del Senasa y de Vigilancia Ambiental local. Las encontraron en un radio de treinta hectáreas, a partir de la denuncia que realizó un vecino del lugar a principios de este mes. Si bien, al principio, se vinculó el hecho a la pastera Botnia, luego se constató que las aves habían ingerido trigo intoxicado.

Todo comenzó a principios de octubre, cuando un vecino, que transitaba desde su campo hacia la ciudad, encontró a tres kilómetros del lugar, 16 palomas y dos cardenales de copete colorado muertos. El hombre juntó algunas muestras, las llevó a su casa y las guardó en el freezer, luego llamó al 105 y realizó la denuncia pertinente del caso, sin saber a qué se debía semejante mortandad.

Ante el llamado, Vigilancia Ambiental acudió a la casa a corroborar a qué se debía el problema, acompañada de un guardafauna provincial, ya que se trataba de aves. En un primer momento, se creyó que la producción de la pastera Botnia podría haber tenido algún tipo de relación, y una vez constatado el caso, se libró un acta de denuncia, avisaron a las autoridades pertinentes y comenzaron con la investigación.

Al segundo día, se encontraron más especies de aves muertas, y ahora se estima que son más de 30.000, entre ellas cardenales, chingolos, mulatas, tordos, palomas y otras. Entonces se descartó la teoría de la contaminación papelera y se recorrió el lugar buscando indicios de cuál era el origen de esta mortandad; se realizaron estudios de hisopado y sangrado en aves de traspatio de algunos vecinos y de alimentos balanceados para feed lot para descartar la posibilidad de una enfermedad viral.

Más tarde, luego de hablar con pobladores de la zona, se llegó al campo y se descubrió que los animales habían muerto producto de una ingesta con trigo envenenado (entre otros cebos). “Era evidente que el producto, o la forma en que se estaba envenenando, no era selectivo, es decir, que no solamente atacaba a las palomas o loros, considerados plagas, sino que involucraba a otros animales”, explicó el guardafauna, Ricardo Rivoller.

Bohl tomó muestras en el lugar y mandó éstas para ser analizadas al laboratorio habilitado por el Senasa, que está haciendo los estudios correspondientes para saber qué veneno fue el usado y así determinar los resultados.

Si bien todavía no se puede dar una cifra exacta, debido a que los estudios continúan, se habla de más de 30.000 aves muertas. “La estimación de miles se hace a través de un protocolo que es oficial y se logra en valor a la cantidad de ejemplares que hay muertos”, contó Casella.

Es cierto que la mayoría de estas aves son consideradas plagas, pero hay un importante número de ellas que no, por tanto, hay que revisar la vía legal del suceso. “Para realizar este tipo de actos, se debe contar con un permiso, debe estar bajo la tutela de recursos naturales y con una verificación previa de un inspector”, explicó Casella. Además, en este caso de envenenamiento, hay una segunda cadena que entra en juego, que son los depredadores, como los caranchos, la comadreja, los zorros, que al alimentarse de alguna de estas aves pueden morir de la misma forma. “Son tantas las aves que alguna tiene que haber caído al río Gualeguaychú, que está muy cerca del campo, y esa ave puede ser alimento de algún pez, y ese pez luego puede ser ingerido en un futuro por un humano”, ejemplificó el guardafauna.

“Para realizar este tipo de tareas, se necesita sí o sí una autorización en la Dirección de Recursos Naturales de la provincia”, manifestó Rivollier, y contó que muchos de estos ejemplares encontrados, la mayoría debajo de los árboles y alambrados, que comían el cebo y volvían a posarse sobre las ramas, se encontraban con el buche abierto y las semillas a la vista.

El método de envenenamiento

Este método es usado en muchos campos, pero lo llamativo es que no se utiliza un cebo envenenado. En esta oportunidad, se sembró girasol, y para que las aves no se coman la semilla sembrada, se dispuso arriba de la semilla pero a menor distancia de la superficie, una semilla envenenada, la cual puede ser de trigo, soja o maíz. El ave come este grano y vuela a morir debajo de un árbol minutos después de la ingesta.“Lo más grave de esto es la época, estamos en momentos de nidificación, eso hay que contemplarlo también. Si se ve un cardenal muerto quizás haya una pareja que ya estaba nidificando o hasta incubando huevos, y ahí ya se tiene 4 ó 5 aves menos”, explicó Rivollier.

Analisis Digital

 
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